Una cita

Era un fin de semana, era nuestro aniversario, a ambos nos gustan las cosas sencillas así que decidimos que el plan era ir a ver una película al cine, comer tacos y luego tal vez ir a un parque, lo demás lo decidiríamos sobre la marcha.

El cine estaba lleno justo como lo habíamos dicho, lo bueno es que ambos somos muy precavidos y compramos los boletos en línea. Era para ver una película que teníamos muchas ganas de ver lo malo es que al entrar a la sala vemos que en la fila de atrás estaba sentada una pareja y unos niños.

Yo desconfío en los niños en lugares como el cine, debido a que algunas veces sus padres no les llaman la atención así que tienen el permiso de hacer la experiencia lo más nefasta posible a expensas de los demás, ganas de ponerles flejes para que se quedaran en su asiento.

En algunas partes de la película se emocionaban muchísimo y pataleaban pero mi novio lo sentía todo en su asiento, luego hubo unas escenas donde la mamá parece que se puso a dar misa y no dejaba escuchar los diálogos.

Hubo un momento donde nos limitábamos a contraatacar con el clásico “Shhh” y de plano en una ocasión yo me paré a pedirle que se callara, la señora se quedó sorprendida pero no duró mucho el shock porque después continuó con voz más baja.

Salimos del cine muy enojados, estábamos frustrados porque no pudimos ponerle toda nuestra atención a la película aunque hubo partes divertidas como cuando mi novio volteó y le sacó la lengua a uno de los niños, el niño se iba a quejar pero la mamá no le hizo caso.

La siguiente cosa en la lista era ir a comer unos deliciosos tacos con Don Tavo, un taquero muy amable que tenía un local bastante grande y atendía con su familia. Él ya nos conocía porque éramos clientes frecuentes, pedimos nuestros platillos habituales: pastor y bistecs.

Ambos teníamos mucha hambre, en total nos comimos cerca de 8 tacos, después de eso nos sentimos satisfechos y muy cansados por la digestión que hicimos en ese momento, nos fuimos a sentar a un parque cerca por fortuna encontramos una banca justo con sombra así que el sol no nos molestaba.

Nos empezó a dar sueño, en algún momento yo me quedé dormida y me despertó uno de esos señores que nos emparejan solo porque somos un hombre y una mujer juntos. Nos quería vender paletas, insistió pero de verdad no queríamos. Mi novio le aguantó la conversación porque yo no estaba completamente despierta.

Al final cada quien fue a su casa pero recordamos que lo que en verdad importaba es que la habíamos pasado bien y que a pesar de todas las cosas malas que pasaron ese día éramos muy afortunados de tenernos el uno al otro.

Ahora procuramos no ir al cine en horas con muchas personas y estar caminando en el parque para evitar vendedores incómodos. Aprendimos mucho de nosotros en esta cita.

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